Propiedad intelectual, arte y cine.

En el marco del curso MOOC sobre Políticas públicas y gestión de lo común de Ártica (#encirc14)  propondremos una serie de post sobre el tema. En este post, hablaré sobre las trabas  que en ocasiones la propiedad intelectual pone a la cultura, contribuyendo a obstaculizar una cultura para todos.

En el artículo recopilatorio “Hollywood pinta cuadros falsos” de Miguel Ángel García Vega en El País, se presenta el tema del uso de las imágenes de las obras de arte en el cine, y por tanto, los derechos que esto conlleva para los propietarios.

Recientemente, hemos podido ver en la cartelera películas como la austríaca “Shirley, visiones de una realidad”, inspirada en 13 cuadros de Eduard Hopper.  O quien no ha visto alguna película inspirada en vidas de artistas, escritores o creadores, como “Los fantasmas de Goya”, “La joven de la Perla” o “El loco del pelo rojo” sobre la vida de Vincent Van Gogh. (Para saber más acerca del arte en el cine, se puede consultar la sección de 30 domingos de arte en el cine en el blog de El Dado del Arte)

Bien podríamos considerar estas creaciones como meta-arte o recreaciones de obras, pero no es tan sencillo, ya que en ocasiones generan conflictos con los propietarios o el legado del artista de los derechos de las obras representadas.

Como ejemplos, según cuenta el artículo anteriormente enlazado sobre la película norteamericana “Monuments Men”, donde un grupo de soldados pretende rescatar grandes obras durante la II Guerra Mundial en Europa: “En esta ocasión se recurrió a los archivos digitales de alta resolución que existen de bastantes de las pinturas recuperadas por los Monuments Men. Muchas de estas imágenes se imprimieron sobre lienzos o maderas, luego, con técnicas artesanales, se envejecieron y, más tarde, se añadieron efectos de craquelado. Sin duda, en la película hay una obra de arte que exigió más que ninguna. El altar de Gante (La adoración del cordero místico), pieza maestra de la pintura flamenca de los hermanos Hubert y Jan Van Eyck, no fue ajeno a los problemas. El equipo tuvo que solucionar la reacción adversa de ciertos pigmentos con los esmaltes. Y a la vez reproducir, a mano, el singular enmarcado de la obra.” Esta vez, los archivos digitales disponibles permitieron el uso de las imágenes de esta emblemática obra de la Historia del Arte para el rodaje de la película.

Pero, ¿qué ocurre cuando no hay imágenes disponibles o no se cumplen los derechos legales de la persona que se considera propietaria de la obra? Volviendo al artículo original, y como ocurrió con el film “Basquiat”, donde se quiso reproducir “El Guernica” de Pablo Picasso, se dice lo siguiente: “Y la familia Picasso, o el estate (el legado del artista), nunca habían recibido una petición para reproducir el cuadro, o sea, para copiar una pintura en pintura. ¡Ese era el gran problema! Básicamente se trataba de una falsificación.

Al final, la familia accedió a que se pintara una copia (en la que el propio Schnabel participó), pero con un requisito irrenunciable. Una vez filmada, la tela debería ser destruida y la productora se comprometía a mandar un vídeo que lo acreditara. Embadurnaron el gigantesco óleo con la pintura que les había sobrado —previamente mezclada en un enorme barril— y la extendieron sobre la cara del lienzo que mostraba la imagen, y cuando aún estaba húmeda enrollaron la tela. Nadie, aunque se lo propusiera, podría restaurarla nunca.”

Con la cuestión de las falsificaciones, vamos más allá de la propiedad intelectual. Y quizá la posterior destrucción de la obra reproducida para el rodaje, sea una buena solución.

Los problemas de este tipo que se generan en los rodajes nos dejan con la duda de si el uso que se les da a las obras permanece en el plano del estudio o si genera un beneficio para los legatarios. Muchas de estas películas, no son solo ficción, sino que se basan en la vida de los artistas y hacen que el público les conozca y quiera saber más acerca de su obra. Desde este punto de vista, entraríamos en el terreno de la difusión cultural.

 

Natividad Almendro

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Acerca de Un Ojo Para el Arte

Nos interesa crear diálogo en torno a la accesibilidad en la cultura y el arte.
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7 respuestas a Propiedad intelectual, arte y cine.

  1. Hola. Estoy comenzando a leer todos los post relacionados a la tarea número uno del curso #encirc14 y, por azares del destino, también estoy trabajando el texto de Walter Benjamin ‘La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica’ y me surgen muchísimas dudas.
    La obvia es la paradoja que se presenta frente a la pérdida del “aura” de la obra de arte -como la llama Benjamín, su característica única, que puede vincularse con los derechos de autor, copy right y una serie de normas de protección intelectual- al activarse con las posibilidades de reproducción actuales, y más aún, con el derecho fundamental que es la cultura.

    Este ejemplo sobre la obra de Picasso me parece muy interesante, así como el argumento de “uso justo”. Creo que nos enfrentamos a situaciones aún desconocidas y no sabemos muy bien qué hacer como sociedad. Será importante estar atentos y construir a favor de la libertad a partir de la experiencia.

    • Natividad Almendro dijo:

      Hola Cecilia,
      Hace tiempo también leí parte del libro que comentas, y tienes razón en que el tema entra en conflicto con la pérdida del aura, pero para mí esa faceta se anula cuando estás frente a la obra. Quiero decir que entiendo de lo que habla W. Benjamin, pero el hecho de que la obra se difunda (como en los manuales o libros de texto) no hace que pierda ese aura al estar en presencia de la obra, por mucho que la conozcas por imágenes. Pero es bueno pensar en las soluciones con respecto a los problemas que van surgiendo en este sentido.
      ¡Gracias por introducir ese matiz!

      • Está bien interesante mucho esta discusión. Sobre todo, pienso en los lugares de indeterminación entre los hechos y la legislación.
        Voy a reflexionar más sobre el texto de Benjamin y cómo podemos traerlo a nuestra discusión. Tomo en cuenta tu comentario.
        Seguimos en contacto.

        Saludos 🙂

  2. Mariana dijo:

    En Estados Unidos existe una interesante válvula de escape para facilitar la difusión y uso de las obras: el denominado “uso justo”. El uso justo es un uso libre, sin restricción de derechos, que permite que las obras puedan ser utilizadas bajo ciertas circunstancias. Como es un criterio jurisprudencial, más que una norma, entonces es bastante flexible y se basa en la racionalidad, en el sentido común de los jueces y en la jurisprudencia. Se considera que el uso es “justo” cuando se utiliza una porción menor de la obra, así como en los casos en los que no se genera lucro y que están guiados por un fin social de importancia, como la investigación o la educación. Incluso puede haber un fin de lucro en el uso, pero si éste uso no tiene un efecto perjudicial sobre el mercado potencial de la obra original, también se considera uso justo.

    En este ejemplo, podríamos considerar que una película en la que se muestran copias de pinturas, no estaría perjudicando, sino todo lo contrario, fortaleciendo incluso, el mercado de obras y reproducciones legítimas del pintor. En una corte estadounidense, los productores del film seguramente se defenderían alegando uso justo, en caso de recibir una demanda. En Europa y América Latina no está muy presente esta doctrina, aunque todos los países que firmaron el Convenio de Berna tienen a su disposición la cláusula de “usos honrados” que les permiten incluir excepciones al derecho de autor en las legislaciones nacionales.

    Creo que el pedido de destrucción de la copia del Picasso, aunque me parece exagerado y más como una demostración de fuerza o capacidad de presión, podría salirse un poco del concepto de uso justo. Podría existir el miedo, a lo mejor justificado, de que una reproducción tan fiel pudiera llegar a hacerse pasar por un original en el mercado.

    Pero es un caso muy puntual. Me parece que la aparición de pinturas dentro de películas, siempre va a estar beneficiando tanto al público, al recibir formación artística a través del cine, como a los propios artistas o a quienes tengan sus cuadros, al valorizarse las pinturas mediante la difusión masiva.

    • Natividad Almendro dijo:

      ¡Gracias Mariana!
      No conocía la existencia de este criterio del “uso justo”, pero me parece una buena solución a las dudas que me surgieron al escribir el post. También opino que, generalmente, la aparición de obras de arte dentro del cine es beneficiosa tanto para el público como para los artistas.
      Miraré más detenidamente la cláusula del Convenio de Berna de la que hablas, y así sabré mejor de que trata, para poder debatir más acerca de ello.

  3. urtzigate dijo:

    Supongo que el hecho de destruir las copias realizadas para las películas es una buena solución, respeta la originalidad de la obra y facilita el uso de las obras (sus imágenes y copias al efecto) en los casos en que los detentores de los derechos lo permiten.

    Me parece importante preservar ese derecho de autenticidad, porque es lo que da valor a las obras como tal, y comprende que cuando los familiares no permiten su uso se está dificultando la divulgación y la normal circulación de las obras.

    Pero por otro lado hay que delimitar bien de qué tipo de usuario estamos hablando, dado que hay usuarios finales, los cuales tienen derecho a disfrutar de las obras, pero otros son intermediarios, y utilizan las obras en productos de consumo por los que cobra… me parece obvio que hay diferencias y que las detentores de los derechos tendrán que valorar estas diferencias para ponderar los efectos de sus derechos adquiridos en la justa medida.

    • Natividad Almendro dijo:

      ¡Gracias por el comentario!
      Estoy de acuerdo contigo en que hay que preservar ese derecho de autenticidad y no dificultar la divulgación. Pero precisamente por tratarse de productos de consumo “masivo” creo que su labor de difusión cobra mayor importancia, y en mi opinión, está bien que esa labor prevalezca, ya que ayuda a la difusión cultural.

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