Experimentos sensitivos de Lygia Clark

En este segundo artículo sobre los experimentos sensitivos de Lygia Clark, conoceremos más en profundidad aquellas prácticas que comienza a realizar en la década de los 60.

En 1960 comienza la realización de sus Bichos, obras que están realizadas en placas de metal pulido, unidas por bisagras, que permiten la articulación. Estas obras obligan al espectador a que sean tocadas y manipuladas.

En 1966 realiza Dibuje con el dedo. A través de este trabajo se toma conciencia del propio cuerpo. Coloca sobre una superficie dura, un plástico lleno de agua. Una vez que el participante se dispone a tocar la obra, se da cuenta de que es capaz de dibujar diferentes formas a través del plástico con su propio dedo. Del movimiento del agua o del aire que se encuentran dentro del plástico, surgen nuevas configuraciones.

Del mismo año que la obra anterior Piedra y aire, se trata de una experimentación completamente táctil. Lygia toma una bolsa de plástico, la llena de aire y la cierra con una goma. A partir de este sencillo juego, realiza una exploración táctil llegando entonces a redescubrir la existencia del cuerpo.

“Había llenado de aire una bolsa de plástico cerrándola con una goma. Puse una piedra pequeña encima y empecé a palparla…De pronto me di cuenta de que aquello era algo vivo, era el cuerpo”

De nuevo en aquel año tan prolífico para este tipo de prácticas realiza Diálogo de manos, del que ya hablamos en un artículo anterior, influenciada por el contacto directo con personas sordas.

Las Máscaras sensoriales del año 1967, es uno de los experimentos más interesantes realizados por la artista brasileña durante estos años. Esto es porque todos los sentidos entraban a formar parte de la obra, los estímulos sensoriales alcanzan en esta práctica cotas altísimas. Estas máscaras, llevaban cosidos diferentes elementos que eran los encargados de provocar estímulos de diferentes tipos: visuales, olfativos, sonoros…
En la parte de los ojos se coloca un dispositivo que producía efectos visuales muy característicos. En la nariz colocaba una serie de bolsitas llenas de hierbas, de especias y semillas que estimulaban el olfato. Y por último, en los oídos cosía nuevamente materiales como piedrecitas o conchas, que provocaban diversos sonidos.

Gracias a estas máscaras sensoriales, se dan nuevas percepciones y sensaciones del mundo que nos rodea. Hace que el individuo, sea capaz de interiorizar las sensorialidades a través de la máscara.

En Guantes Sensoriales de 1968, se da el re-descubrimiento del tacto por medio de pelotas de diferentes tamaños, pesos y texturas. El espectador debe tomar una bola con un guante, después toma en su mano esa misma bola pero esta vez sin guante. Por tanto, la percepción es completamente diferente a pesar de tratarse de la misma bola.

Diálogo: óculos, 1968. La artista toma unas gafas de bucear, añade unas varillas metálicas plegables que sujetan unos espejos circulares, estos rotan al antojo del participante. Esta experiencia, da como resultado una fragmentación de la percepción visual.

La Máscara abismo bloquea por completo el sentido de la vista, el acento se había trasladado al resto de los sentidos, de modo que se agudizan, al igual que pasa con el ciego. De nuevo, vuelve a mostrar la capacidad del ser humano de tener empatía con el otro. Se crea una unidad entre la máscara y el participante.
En esta obra, había un proceso paradójico en una artista visual: una progresiva desenfatización del sentido de la vista. Al quedar este bloqueado, la percepción se traslada al resto de sentidos.
Esto nos recuerda a unas declaraciones que hizo en aquella época Clark, en torno a las personas ciegas:

“Ojos ciegos que conocen por el tacto. Manos-ojos, manos llenas de olfato, manos que eran las únicas piezas inteligentes de mi cuerpo, capaces de construir la realidad de mi mundo”

Es interesante cómo las obras de la artista brasileña hacen que podamos ponernos en el lugar de otro, que dejemos de tener una visión egocéntrica del mundo, ponernos en la piel de una persona sorda o ciega… En todas estas prácticas, se consigue que el cuerpo recupere las capacidades sensoriales perdidas en la cotidianeidad.

Azucena Hernández

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