De la óptica y lo háptico

La “Sección Áurea”, cuya traducción matemática obedece a la proporción “media y extrema razón”, es fácil de comprender si tenemos en cuenta la “Sucesión de Fibonacci”.

Recordemos que, en la mencionada ley, cada uno de los números sucesivos, es el resultado de la suma de los dos anteriores; llega un momento en que, la razón entre sumandos contiguos, es exactamente el Número  “Fi” o “Número de Oro”. A partir del comienzo ”0”, 1, 1, 2, 3, 5, 8…, la sucesión se va progresivamente acercando a la razón “Fi”.

Por otra parte, en 1962, Watson y Crick -premios Nobel de fisiología- describieron el modo en que los ácidos nucleicos crecen formando una escalera de caracol de doble hélice. No obstante, no repararon en que los ejes que desarrolla tal espiral constituyen una relación áurea. Es decir, la espiral en cuestión recibe la denominación de “espiral logarítmica de crecimiento gnomónico homotético”. Ese nombramiento se le otorga por significar una figura geométrica entre los ejes (un rectángulo áureo) y ser exponencialmente siempre la misma figura.

De todo ello se desprende que nuestro organismo (en general, la materia orgánica), crece por inflación y no por yuxtaposición como lo hace la materia inorgánica.

Si tenemos en cuenta que el pensamiento, las ideas, el sentido estético, deriva de los mecanismos bioquímicos a nivel neuronal (córtex cerebral), sería lógico intuir que las manufacturas y producciones artísticas –cualesquiera que sean las manifestaciones: pintura, escultura, música, danza, etc.-, se ajusten a la Sección áurea cuanto más armónicas se ejecuten.

Continuando con estos conceptos, y tras las investigaciones llevadas a cabo en el Centro Háptica de Investigación Propioceptiva y arte Háptico, deducimos que la estética óptica obedece a los mismos parámetros que la estética háptica. Si bien, la primera tiene lugar por la percepción del lóbulo occipital, mientras la segunda lo hace a través del lóbulo parietal.

Este descubrimiento se obtuvo tras un experimento consistente en la confección de un test basado en construir veinte rectángulos de cien centímetros cuadrados de superficie pero de diferentes razones entre los lados, de modo que, únicamente uno, se ajustaba a la Sección áurea. El test fue presentado en 1986 a  los alumnos ciegos del colegio Santiago Apóstol de la ONCE en Pontevedra, y a más de un centenar de personas videntes con ojos vendados en Madrid.

Como la estética háptica se refiere a un conjunto de sensibilidades táctiles donde la cinestésica adquiere el mayor protagonismo; ola percepción tiene mucho que ver con la información que ofrece la textura y el volumen de las obras, ¿por qué no se establece un canon estético similar al óptico para reproducir obras artísticas para la contemplación táctil?

Sabemos que, las coordenadas cartesianas y la densidad y extensión del color, en el arte óptico, son fundamentales para percibir y admirar el equilibrio de una obra pictórica. Se debería tener en cuenta la cantidad de relieve de cada motivo (cuando se transcriben o traducen obras pictóricas a táctiles) para conseguir el equilibrio háptico, la armonía táctil, porque pasa igual (aunque sea una torpe comparación) que con la composición cinematográfica inspirada en una obra literaria: la literatura es un arte concreto y el cine otro diverso; aunque uno inspire al otro, no dejan de ser artes diferentes. Por la misma razón, una pintura, al convertirla en un relieve, debería sobreentenderse que se está realizando un proceso más bien escultórico y tratar de buscar armonías hápticas relativas a las proporciones del relieve.

En resumen: si las obras artísticas destinadas a la percepción óptica siguen el principio de mínima acción o “Principio de Hamilton”, ¿por qué no hacerlo con las destinadas a la percepción háptica?, ¿por qué no, si ya queda investigado que la estética recibida por el lóbulo occipital cerebral obedece a los mismos principios que la llegada al lóbulo parietal, ambas basadas en la “Divine Proportione” o Sección Áurea o Número de Oro o “Media y extrema razón”, o Proporción armónica “Fi”?

Propongo organizar un seminario sobre arte háptico bien en el Museo Tiflológico, bien en la facultad de Bellas Artes, Museo Reina Sofía, o cualquier otra institución cultural.

César Delgado

 

 

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