Ataúlfo Casado y otras formas de ver el mundo

El pasado jueves 11 de junio se presentó en el Museo Tiflológico de la ONCE en Madrid, la exposición temporal “Todo un mundo interior de color” del artista ciego Ataúlfo Casado. El Museo Tiflológico de la ONCE fue concebido como el primer espacio museístico pensado para usuarios ciegos en España. Debía salvaguardar y documentar la historia de la organización desde sus inicios, además de impulsar el conocimiento y la difusión de obras realizadas por el colectivo de personas ciegas. Y es precisamente esta última función, apoyar y visibilizar a los artistas con algún tipo de discapacidad, por lo que la obra de Ataúlfo Casado podrá visitarse hasta el 12 de septiembre de 2015 en su espacio reservado a exposiciones temporales.

Ataúlfo Casado nace en 1948, en el pueblo de Navalagamella, situado al oeste de la Comunidad de Madrid. Desde muy joven, tras el traslado a la capital, comienza a ser galardonado en concursos de dibujo y pintura. Inicia su formación artística con apenas 11 años de edad, entrando como aprendiz en la Escuela de Artes y Oficios de la calle de La Palma en Madrid.  Desde sus comienzos se vio atraído por la naturaleza, las largas horas de contemplación han dado como resultado que los paisajes que un día observó, sean escenario de sus obras más recientes. Con 17 años empieza a ver cumplidos varios retos profesionales: se convierte en copista acreditado del Museo del Prado, y poco después se presentan al examen de ingreso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Al año siguiente prepara su examen de ingreso para la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, siendo seleccionado para cursar sus estudios artísticos en esta universidad.

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Ataúlfo pide a su asistente brochas limpias para aplicar nuevos colores a su obra.

Al cumplir 40 años Ataúlfo se queda ciego, debido a una enfermedad degenerativa, por ello abandonará la pintura durante casi 20 años, sumido en una gran depresión. Hasta que en el año 2007 decide tomar de nuevo los pinceles y continuar su actividad artística donde la dejó.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de ver en directo cómo Ataúlfo desarrolla su proceso creativo, durante la inauguración de su exposición en el Museo Tiflológico. Ante la presencia de casi un centenar de personas, su capacidad de concentración sorprendió a todos los presentes. Ni el ruido ambiente, ni las miradas curiosas de los asistentes hicieron perder un ápice de atención a Casado, que incansable pintaba sobre su lienzo durante casi dos horas.

Ataúlfo pinta con la ayuda de su asistente, Pablo, él es sus ojos en el proceso pictórico pero es el propio Ataúlfo quien toma todas las decisiones. Qué colores va a utilizar, qué brocha o pincel necesita y las partes del lienzo donde ha de aplicar la pintura.

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Pablo marca a Ataúlfo dónde debe continuar pintando.

Recuerda los colores con sorprendente precisión, durante la presentación de su exposición, pidió a Pablo diferentes tonalidades de verdes, azules, e incluso llegó a solicitarle el rojo Marte. También es el encargado de decidir las mezclas de color, recordando después de 27 años sin ver el resultado de las mezclas cromáticas.

“Pensar que aunque yo no veo los colores, otras personas los van a ver” A. Casado

Una vez decididos los colores, las brochas y los pinceles que va a usar, su asistente simplemente le indica qué parte del lienzo tiene que pintar. En ocasiones Pablo toma la mano del Ataúlfo y se la coloca en el área que queda en blanco, el artista realiza movimientos lineales de izquierda a derecha, hasta conformar sus obras. La técnica ordenada, lineal y rigurosa que utiliza a la hora de pintar, me recordó al modo en que se enseñaba a los niños ciegos a escribir, utilizando pautas braille, que contenían una regleta horizontal que les servía de guía.

Obra de Ataúlfo Casado finalizada

Obra de Ataúlfo Casado finalizada.

Las obras que conforman la exposición “Todo un mundo interior de color” pertenecen a la Serie cielo y tierra eterno poema. Son en su mayoría paisajes, a medio camino entre la figuración y la abstracción, donde la luz juega un papel fundamental, amaneceres, atardeceres en paisajes bellos y sosegados. Paisajes en los que los pequeños detalles enriquecen: una amapola, unas espigas movidas por el viento… Algunas áreas de sus obras tienen gran carga matérica, resultado de su pincelada vigorosa y rápida. Pinceladas repletas de color como el mundo que aún recuerda con viveza, en sus propias palabras la vida es color y luz, el ser humano debe enriquecerse con lo que le rodea, aprender a observar, ver y mirar lo que yo ya no puedo ver.

 

Azucena Hernández

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